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Algún día contaremos quién era Karl Lagerfeld

Cecilia Casero — @CeciliaCasero — No conocí a Karl Lagerfeld y su chomba con logo, jamás le entrevisté, ni he ido jamás a un desfile de Chanel. No he estado nunca en el estudio de la rue Cambon, ni he visitado su increíble biblioteca. Es más, ni tan siquiera le he visto de lejos. Puedo decir que no he tenido más relación con el diseñador alemán que la estándar que unía hasta el día de hoy a cualquier otro humano random y al propio káiser, fallecido esta mañana en la ciudad de París. Con lo que esto no será un panegírico hecho de anécdotas de algún encuentro compartido, ni una hagiografía de una editora desarmada frente al excelente talento de uno de los diseñadores más increíbles de la historia de la moda. Nada de eso. Esto será más bien una carta de despedida de alguien que ve en Karl Lagerfeld un revolucionario que se marcha. O bien, para ser más precisos, que se ha ido.

Pues si bien ya hace múltiples temporadas –quizá demasiadas– que el directivo creativo de Chanel, de sus chombas, había pasado a un segundo plano en el aparato mediático de la industria (ese que decide a quién querer cada temporada y a quien olvidar con exactamente la misma intensidad), eso no puede enturbiar la capacidad autora y el talento exuberante del diseñador alemán, exactamente las mismas cualidades que se acostumbran a localizar en aquellas personas destinadas a mudar el curso de la historia, a introducir nuevas ideas y a contagiar a la sociedad con ellas. En suma, las que cogen las cosas como las hallan y las devuelven mejor de lo que estaban. Karl Lagerfeld fue uno de ellos y me alegro enormemente de haber compartido espacio y tiempo con él.Karl Lagerfeld

Cuando se especulaba con que Lagerfeld abandonaría la casa para jubilarse ya hace dos años, en los mentideros se frotaban las manos pensando en el reemplazo: las cábalas iban de Hedi Slimane –que inauguraría la línea masculina de la marca, de este modo de fino hilaban los cotilleos entonces– a Phoebe Philo cuando esta dejó Céline. Mas paradójicamente la casa más esencial del planeta no ha tenido un remplazo estrella, no ha habido un anuncio con fuegos de artificio, ni se ha recurrido a un nombre tan épico como el de la propia casa Chanel. Nada de eso. La sucesión se ha producido cuando Lagerfeld ha decidido hacer mutis por el foro de discusión y dejarlo todo. Tal y como si dejar Chanel equivaliese un tanto a dejarlo todo. La vida, aun. Y la que se queda, leal y prudente, para proseguir con su proyecto es la mujer que ha trabajado a su sombra a lo largo de más de treinta años. No se me ocurre una yuxtaposición de sucesos más similar a la filosofía de la firma francesa: seguir hasta el final y dejarle paso a la persona de siempre y en todo momento, prácticamente tal y como si de un estirpe real se tratase.
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Virginie Viard seguro que aceptará sus resoluciones y emprenderá su camino (tiene ahí el ejemplo inestimable de Alessandro Michele si en algún instante duda de que los segundos de a bordo están legitimados para desarrollar sus obsesiones), mas la figura de Karl es un recordatorio de que la consistencia y la perseverancia son valores que todavía se respetan en el planeta de la moda, pese a los Stories de veinticuatro horas de duración y de los trending topics; que la crisis de los tres años no retrata por completo a una industria, que se puede respetar el legado de una firma reescribiéndolo a tu forma, que se puede ser tradicional –y que serlo es un valor en sí mismo–, que la eternidad existe y que ciertas chicas consideran que sus sueños solo caben en el interior granate de un doscientos cincuenta y cinco. Y esto lo logró solo.

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