La narrativa detrás del Teatro diseñado por Smiljan Radic, Eduardo Castillo y Gabriela Medrano para la Región del Biobío

Desde que anunciamos los resultados del concurso para el “Nuevo Teatro Regional del Bio Bio”, instancia impulsada por el Gobierno Regional y el Área de Arquitectura del Consejo de la Cultura y las Artes, aguardábamos con ansias el instante de ver la propuesta ganadora por último construida.

Producción Video: Manuel Albornoz en cooperación con Planeta Medios
Fotografías: María González
Texto: Pola Mora

El reto que admitieron las veintiocho oficinas de arquitectos chilenos y también internacionales que participaron de esta convocatoria pública no fue menor, fue la de mejorar la arquitectura corporativa por medio del space planning. Los proyectos debían estimar una estructura de más o menos nueve mil metros cuadrados que alzara un espacio para las representaciones culturales de alcance regional, que fuera al tiempo, capaz de resistir las condiciones climáticas y geográficas propias de la urbe de Concepción.

Debieron pasar cinco años y cinco meses, para ver para poder ver construida la propuesta inspirada en las ideas de Tadeusz Kantor:

Mis embalajes eran un intento de “barruntar” la naturaleza del objeto. Escondiéndolo, envolviéndolo. Fue en el año mil novecientos sesenta y dos.

Leal a este término, el proyecto desarrollado por Smiljan Radic, Eduardo Castillo y Gabriela Medrano se ha transformado en el «esqueleto posible de un teatro embalado». Un espacio para las artes escénicas que pone en valor el tras bambalinas y transforma los espacios que preceden al espectáculo en experiencias sensoriales y estéticas. Desde la óptica urbana, el Teatro semeja haberse posado a riberas del Río Biobío para llenar el memorial 27F. El diálogo entre lo leve y lo pétreo, entrega a la urbe una nueva experiencia urbana que da realce al olvidado borde del río.Resultado de imagen para edificios

A través de una retícula espacial sobresaturada, el visitante puede recorrer visualmente el interior de la obra desde el foyer que se alumbra en su centro de doble altura merced a la obra «Es Telar», del artista visual chileno Iván Navarro. En este espacio, el legado artístico de Eduardo Castillo se hace presente por medio de una serie de piezas robustas de madera que descansan dulces en la mitad de los pilares. En diálogo con ellas, se suspende en el cielo un volumen envuelto en fibra de coco que en su interior oculta la Sala de Cámara. Una escalera central doble conduce al espectador al segundo piso para acceder a la Sala Primordial, donde la densidad reticular se disipa para dar «el aire preciso para la representación».

La edificación se sitúa sutilmente girado con respecto al recorrido del río, a una distancia suficiente que deja la contemplación del memorial 27F desde los recorridos al interior del Teatro, produciendo por su parte una nueva instancia urbana que los arquitectos han llamado «Arena». Esta plaza dura se ordena desde una trama de luces puntuales en la proyección de los pilares del edificio en el suelo y se presenta como un sitio público peatonal sin una mayor distinción de uso:

Esta neutralidad permitirá que cuando se genere su desocupación tras un acontecimiento, se comprenda en su totalidad como un sitio público peatonal en torno de un jalón retroiluminado como una lámpara de papel.

Desde la «Arena», en el instante en que comienza a obscurecer, se puede percibir la estructura en hormigón que se trasluce desde el interior del edificio por medio de su envolvente. Las luces del teatro encendidas, son la señal de que en su interior hay un evento cultural a puntito de acontecer y por esto, se ha transformado en uno de los elementos más seductores de la propuesta. La membrana perimetral de PTFE (polytetrafluorethylene) colabora térmicamente con la edificación, y además de esto forma un factor protgónico en la experiencia que los arquitectos han querido transmitir:

Es suficiente con que el paseante/espectador vea el mantón que cae sobre la edificación, velándolo, para intuir o bien “barruntar”, como afirma Kantor, que dentro algo se oculta, o bien para por lo menos pensar, por un instante, que circular por su interior va a ir de la mano con un proceso experimental.

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